Tango

El dolor tiene su patagonia desnuda, con sus respectivos terratenientes desolados: gente que supo mecerse en las litografías de lo distinto, gente que se fue de la patria, buscando porque para eso se vive, hallando, porque para eso se espera.

Y en ese irse de la piel que nos vio licuarnos en el paisaje, hay algo que todo argentino se lleva a la nueva tierra, al nuevo útero: el tango.

Lo haya o no bautizado en la sangre, cuando suena la voz oscura de algún guapo, o cuando trina el grillo del bandoneón, algo en el argentino y hasta en el foráneo, se enciende: es la parcela de pasión que le corresponde a cada uno en la vida.

Y si hay alguna pena por ahí horadando los huesos, o alguna nostalgia pegajosa reptando por las piernas, el tango las consuma en algo bello, las transforma en la alquimia de la danza y del movimiento.

Yo que nací lejos del tango, pese a compartir con él las mismas coordenadas, hoy que vivo a leguas de mi casa, de mi gente, le pido al tango que me perdone tanta ausencia. Y ojalá me perdone, porque al tango le debo un pincel urgido de sus bemoles, un pincel que sacia mi sed arrabalera y que ha tenido la osadía de pintar a sus vástagos. Quién soy para hacerlo: nadie, pero lo importante es esta adhesión de mi pinturay mi palabra a la violencia dulce del tango.

Al que goce de cobardía, al que esté deshecho por los trajines del amor, al que haya extraviado la tierra en un barro extranjero, le dono este tango que explota ahora en mi pincel.

Algunas de estas obras están basadas en las fotografías de Sandra Sue.
Alma y Juan
70 x 100 cm
(Adquirido)
Contra la ventana
120 x 120 cm
(Adquirido)
El abrazo
120 x 90 cm
(Adquirido)
El compadrito
70 x 100 cm
(Adquirido)
El movimiento
90 x 120 cm
(Adquirido)
La espera
70 x 100 cm
(Adquirido)
Marcelo y Marcela
70 x 100 cm
(Adquirido)
El bandoneón
50 x 80 cm
(Adquirido)
En la cama
40 x 60 cm
(Adquirido)
Pasiones
40 x 60 cm
(Adquirido)
Corte y quebrada
100 x 120 cm
(Adquirido)
El bandoneón de la esquina
100 x 60 cm
(Adquirido)
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